Una nueva disciplina se introduce en la esfera empresarial: el Pensamiento Sistémico. Definido como la actitud del ser humano, que se basa en la percepción del mundo real en términos de totalidades para su análisis y comprensión, se diferencia de un planteamiento del método científico, que sólo percibe partes de éste y, en muchos casos, de manera incorrecta. Este nuevo modelo pretende, por tanto, comenzar a desarrollar comunidades comprometidas con un cambio profundo personal y organizativo.
Los contendidos de la disciplina del Pensamiento Sistémico fueron concebidos
originalmente por Peter M. Senge, director de Pensamiento de Sistemas y
Aprendizaje Organizacional del MIT, en su libro La Quinta Disciplina, donde se
nos ubica en las fronteras del pensamiento organizativo, mostrando cómo serán
las Organizaciones capaces de sobreponerse a las dificultades y cómo reconocer
amenazas y enfrentarse a nuevas oportunidades. Para Senge, la empresa debe
regirse por un concepto de Organización Inteligente, que permita entender los
asuntos empresariales mirando los sistemas en términos de tipos particulares de
ciclos o arquetipos e incluyendo modelos sistémicos explícitos (muchas veces
simulados por ordenador) de los asuntos complejos.
El pensamiento sistémico enlaza con una forma de pensar diferente de las
organizaciones, en vez de una forma newtoniana, (de ordeno y mando, la empresa
es una máquina), existe una empresa más naturalista que define a la empresa
como un ser vivo. Es por ello, que, en una organización burocrática y
jerárquica, afirma Carlos Herreros de las Cuevas, coordinador para España de la
SocietyforOrganizationalLearning, “el pensamiento sistémico no podía funcionar
porque requiere de la puesta en común de modelos mentales y mapas sistémicos
para su entender grupalmente.
Cuando las empresas de
comunicaciones, allá por el año 1997, hicieron sus planes de negocio para el
desarrollo de ADSL, televisión por cable, satélite, comunicación de datos, cada
una hacía unas previsiones de su plan de negocio, pensando que el conjunto de
todas sus actividades iba a representar un determinado porcentaje de la renta
disponible de los usuarios o del gasto de las empresas. Como bien es sabido, y
provocado por un exceso de capacidad instalada, el resultado no fue tan
positivo como en un principio se había previsto. Para Carlos Herreros, la
situación fue provocada “porque no ha habido una consideración sistémica de
cual serían las reacciones de los competidores ante las acciones que uno toma”.
Otro de los casos frecuentes acaecidos en la empresa son los llamados silos
funcionales. “Muchas veces existen comunicaciones verticales en cada
departamento de la empresa que no se equiparan con una suficiente interconexión
horizontal”. Si una empresa de telecomunicaciones decide reducir la plantilla,
eso se puede traducir en una disminución de la calidad del servicio al cliente
y en consecuencia en una pérdida de cuota de mercado, lo cual, a su vez,
llevaría necesariamente a mayores disminuciones de plantilla.
Para solventar esta desconexión empresarial, afirma Carlos Herreros de las
Cuevas, surgen los mapas sistémicos, “que permiten modelizar el presente y el
futuro de la empresa, donde las decisiones estratégicas generalmente sean más conscientes
y más colectivas. Las empresas saludables serán las que puedan sistematizar
maneras de reunir a la gente para desarrollar los mejores modelos mentales
posibles para enfrentar toda situación”.
Dentro del pensamiento sistémico existen varios arquetipos o situaciones
repetitivas en casi todas las organizaciones. Un arquetipo frecuente en la
empresa es el Crecimiento y Subinversión. Éste aparece, señala Carlos Herreros
de las Cuevas, “cuando una empresa experimenta un crecimiento progresivo y éste
no es seguido de una inversión paralela, provocando, su consiguiente
estrangulamiento”.

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