PEDAGOGÍA SISTÉMICA. BERT HELLINGER
La pedagogía sistémica toma
su nombre de la Teoría General de los Sistemas, que demuestra que en todo
sistema existe un conjunto de elementos que interactúan entre sí. Cada elemento
se puede analizar por separado, pero solo adquiere significado desde una perspectiva
global. Y cuando hablamos de educación,
¿Cuáles son los elementos del sistema?
Que el núcleo de la acción docente se
ubica en el aula es una realidad incuestionable. Del mismo modo, sabemos que no
solo importa lo que sucede entre esas cuatro paredes. En 2010, Bruce Lipton
revolucionó el campo de la biología. Descubrió que una célula puede vivir un
tiempo sin núcleo, pero muere instantáneamente si pierde su estructura
circundante. Quizá también podríamos preguntarnos si la acción docente que no
considera la “estructura circundante” del alumnado es útil para la vida.
Una perspectiva sistémica de la
educación supone ir más allá del aula, superar el universo de lo tangible para
descubrir lo invisible: la constelación de relaciones humanas que rodea a cada
una de las personas que forma parte de la clase. El paradigma sistémico
considera que en los pupitres no solo está sentado el alumnado…
“Sin descubrir la historia de vínculos
familiares que cada persona trae consigo, difícilmente podrá darse una
verdadera educación, porque somos producto y reflejo de otros que están sin
estar”
RED DE RELACIONES
Dos criminólogos, James Wilson y George
Kelling, han desarrollado una curiosa teoría. En su trabajo observaron que si
en un edificio hay una ventana rota y no se repara, la gente que pasa
por delante piensa que a nadie le importa lo que allí ocurre. Pronto aparecerán
más ventanas rotas. Después forzarán la entrada y acabará siendo un foco de
problemas. Revisaron las estadísticas y constataron que el índice de delitos se
incrementa en todo el barrio…
¡y todo por una ventana rota!
La “teoría de los cristales
rotos” pone de manifiesto que las personas están conectadas con su entorno
físico. También es aplicable a colegios e institutos. Sin embargo, en esos
lugares hay una conexión más fuerte, la que une a las personas entre sí. La
calidad del proceso educativo está condicionada por el tipo de relaciones que
tienen las personas implicadas.
Conocer estos vínculos y comprender sus
implicaciones es uno de los cometidos de la pedagogía sistémica, que nos
recuerda que es necesario reparar la ventana para que el aprendizaje no quede
condicionado por los cristales rotos.
La pedagogía sistémica se aplica para
construir una buena base sobre la que el aprendizaje pueda despegar. Entiende
que “sin raíces no se puede tocar el cielo”. Las raíces están
hechas de historias personales, de la herencia que cada cual trae y de cómo
condiciona el presente. Las raíces van asociadas a los vínculos,
que funcionan como nexos entre personas, y cuya materia prima es el AMOR.
Bert Hellinger identifica las “reglas”
que determinan la red de vínculos, y que él denomina “los órdenes del amor”.
Son los siguientes:
1. Todos los miembros del sistema deben
tener una posición de dignidad en el mismo. Su pertenencia al sistema debe ser
aceptada. Cualquier forma de exclusión (incluida la autoexclusión) generará
tensiones en el sistema.
2. En el sistema se producen
intercambios: a veces das, a veces tomas. Esta relación debe ser equilibrada.
La existencia de personas que siempre se nutren de los vínculos y que nunca
nutren a los demás, o viceversa, pondrán en riesgo la sostenibilidad del
sistema.
3. Los sistemas tienen sus propias
jerarquías internas: personas que han llegado antes, que tienen más
conocimiento, más responsabilidad… Las dinámicas relacionales tendrán que
considerarlo.
INTERVENIR EN LA RED
“La mayoría de los problemas se
desarrollan en el amor que nace del vínculo, la mayoría de las soluciones son
un desprendernos de personas unidas con nosotros, de su destino, de sus
expectativas, de su influencia… La misma agua que nos sostiene y calma la sed,
también puede arrastrarnos y ahogarnos”
Bert Hellinger
«REPARAR LA VENTANA»
Conocer y comprender la red de vínculos
que se teje en nuestro contexto educativo nos colocará en disposición de
intervenir para “reparar la ventana” si fuese necesario. ¿Cómo
proceder? Bert Hellinger nos ofrece su particular caja de herramientas
sistémica, a la que denomina “órdenes de la ayuda”:
1. Una persona solo puede dar lo que
tiene, no más. Del mismo modo, solo debe esperar y tomar lo que necesita.
2. Nadie debe ocupar un lugar que no le
corresponde en la red. Por ejemplo, un docente no puede pretender ocupar el
espacio de un padre. Hacerlo comportaría un desorden considerable.
3. Cada miembro está condicionado por
sus circunstancias (que podrían ser temporales), y su implicación dependerá de
lo que estas le permitan. Ir más allá, o esperar más, equivale a generar
frustración, expectativas inalcanzables o sentimiento de impotencia.
4. Una intervención en la red no
implica necesariamente generar vínculos en el plano personal. Se pueden dar,
pero no son el objetivo.
5. La empatía y el asertividad
emocional son la base instrumental de cualquier intervención de la red. Poner
corazón en la ayuda será la mejor manera abordar los problemas.

Comentarios
Publicar un comentario